Objeto

To blog or not to blog… that is the question

Hace un tiempo me pregunté «¿Dónde encuentra el artista su material? ¿Lo halla o lo construye?». Y me respondí que ninguna de esas alternativas es la correcta. Que lo que hace el artista con su material es otra cosa. Lo reconstruye. Por vez primera y en un proceso siempre a punto de acabar. En un blog anterior, había escrito que con ese trabajo, el artista (o aquel que escribe) «desea así alcanzar la perfecta unión de lo idílico y lo constatable. Reformulando-se en el papel y en el éter». Sigo pensando que eso es cierto, pero veo la exigencia que implica y su carácter potencial de funcionar como un obstáculo.

Tengo cuadernos, hojas sueltas, notas en el celular, mails que me envío a mí misma. Poseo y creo lugares tanto concretos como inmateriales donde escribo y edito, en un proceso continuo. De todo ello, lo que publico es ínfimo. Y he borrado muchas entradas. Este no es mi primer espacio digital, pero es al cual le he depositado más dedicación y dinero, en un intento (nuevo intento) de profesionalizar mi escritura. Sin embargo, mis mejores piezas las guardo para concursos literarios, para antologías que me gustaría compilar y publicar, para novelas que quiero terminar de componer. En otras palabras, los escritos que más me gustan siguen escondidos a la espera de una oportunidad.

¿Dónde encuentro mi material? ¿Lo hallo o lo construyo? Lo reconstruyo. No lo encuentro ni lo elaboro de una pasada, voy uniendo fragmentos, que voy corrigiendo y reinventando suficientes veces hasta que los guardo; pensando que finalmente los publicaré en mi blog o que los enviaré a una revista o que eventualmente se encontrarán con una editorial. Pero, ¿cuál es su realidad? ¿cuántos de ellos terminan en concursos literarios? ¿cuántos de ellos empiezan con una proyección para este espacio y terminan a la espera de una instancia tal vez -perdón- mejor?

Quería que sofescribe fuera un espacio intermedio.

¿Y dónde están todos esos escritos?

Esas ideas, esos cuentos, esos poemas, esos fragmentos de novela, siguen en mis cuadernos, en hojas sueltas, en notas de mi celular, en mails que me envío a mi misma. Quedan en mi cabeza, quedan en mis proyectos, quedan en mi escritorio.

No están acá. Acá hay una llave, una entrada pequeña para que alguna Alicia tan curiosa como yo decida ingresar a otro universo. Pero los escritos no están acá. Los escritos literarios que me enorgullecen, cuyas palabras anhelan ser impresas con tinta negra en una hoja de papel dentro de un libro, no están acá.

¿Y qué hago yo -Sof- acá? Me pregunto, me hago muchas preguntas.

Tal vez sofescribe no se convertiría en el espacio intermedio que yo deseaba construir. Creo que sofescribe es una etapa intermedia en mi vida, en la cual yo veo qué decido construir, no sólo con mis materiales ni con el objeto, sino conmigo misma.

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