Adiós

Se metió en las sábanas y quiso hundirse
lo suficiente como para
–al salir–
hallar otro paisaje;
no el de su habitación,
no el de ninguna habitación.

Cuando se asomó nuevamente
–seis horas después–
su manta habíase transformado
en un colchón de hojas,
y su antiguo colchón era ahora pasto,
y los ruidos de su cabeza
eran cantos de aves.

Pero nunca pudo volver,
«volver a casa»,
y la experiencia que había adquirido
jamás consiguió transmitir.

Sin embargo,
allí ella se quedó,
y deseó un nuevo sueño:
no el regresar a la incertidumbre de la ciudad,
sino el de tener la certeza
de que la desaparición ganada
iba a ser su nuevo vestido
en el mundo conocido,
al cual ya no retornaría más.

Intento muchas cosas e intento no intentar tanto.

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