La curiosidad

Era pequeñita y sentía una imperiosa intriga
por ver qué significaba esa cicatriz en su mano.

Cuando él dejó de observarla,
ella se achicó,
se hizo diminuta,
tan pero tan pequeña,
que estas letras
le darían sombra suficiente
para no ser encontrada
nunca más.

Se escondió en un pliegue de aquel jean,
y luego ascendió hasta hallar sus dedos,
entre los cuales se resguardó,
abrazándolos con fuerza.

Hallaría un mundo nuevo
en aquella palma abierta.
Descifró el secreto:
Esa gruesa línea blanca
—por la cual primero se deslizó—
era una vela recostada, aguardando desplegarse.

Acaso percibió que la vida era eso:
Navegar entre cicatrices
y perseguir horizontes nuevos.

Intento muchas cosas e intento no intentar tanto.

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