Cosas que aprendí en cuarentena

  1. El encierro puede tener varios marcos narrativos. Si relato la cotidianidad de mi aislamiento, me encuentro con que estuve escribiendo sobre una novela apocalíptica centrada en una peste que arrasa con la humanidad. A su vez, adopté a una cachorrita que trajo algunos ácaros irritantes a mi cuerpo. Por lo que, durante el encierro del coronavirus, tipeaba sobre una plaga y a la vez debía permanecer sin contacto con las personas porque padecía(mos) sarna. Entonces sí, siempre se puede estar más encerrada.
  2. La ficción no supera a la realidad, ¿o sí? No soy imprescindible para la sociedad, sí lo soy para mi perrita -Malvina depende de mí- pero no para el mundo. Aunque haciendo una vista panorámica, el estado psíquico de las personas se mantuvo definitivamente más estable gracias al entretenimiento: música, netflix, libros. Ahí tenemos un universo de artistas e intelectuales que no son útiles, sino que son la inutilidad más importante de todas. Mejor prescindamos de todo, pero no de ellos.
  3. Las palabras son para uno. Perdí en un concurso de literatura, ni siquiera se esmeraron en informármelo, vi a través de una pantalla que mi nombre no figuraba en una corta lista de ganadores. Sin embargo, no perdí mi seguridad, lo que escribo a mí me gusta. Tal vez se trata de eso: escribo ficción porque lo disfruto. Nunca me interesó ganar un premio, sí quería tener acceso al espacio de la publicación, donde imaginaba que hallaría nuevas puertas. Pero si nunca voy a ser apreciada en mi propia época es algo con lo que puedo vivir. Mis palabras son para mí, y si otro las encuentra y las disfruta, entonces son para el otro. Como cuando leo un libro que me gusta, me apropio de sus palabras y pasan a formar parte de mi vida.

Intento muchas cosas e intento no intentar tanto.

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