El problema del documentador

Las exigencias de la memoria

¿Alguna vez te quedaste pensando en cómo podrías registrar cada parte de una experiencia valiosa?

¿Alguna vez tuviste miedo de olvidar un recuerdo que te hace sonreir?

¿Alguna vez te enojaste con vos mismo por no recordar los nombres de todos los personajes de un libro favorito?

Si te sentís un poco (o un poco bastante) identificado, lo más probable es que sufras lo que llamo «el problema del documentador»: querés atesorar cada momento, necesitás asegurarte que no vas a olvidar lo que viviste en tus viajes, deseás recordar a la perfección esa frase hermosa que en algún momento alguien te dijo.

Sí, seguramente si padecés esta hermosa exigencia, llevás un anotador en tu mochila o bolso a cada lugar que vas. Pero aun así, esa necesidad de coleccionar vida e ideas viaja con vos como un fantasma, a veces ni te das cuenta de que está ahí.

¿Es realmente un problema?

Y… podríamos pensar que algo que se asemeja a una necesidad casi obsesiva parece un problema. Yo, por ejemplo, escribí diarios íntimos (los 90s me delatan) hasta la adultez, escribí diarios hasta que se me hizo imposible relatar todo lo que vivía y mantener mi existencia a la par, escribí diarios hasta que se transformó en un peso. Vivir algo era como obtener un ladrillo, sabía que esa felicidad luego iba a cargar con «el tener que» ser narrada más tarde a la perfección. Esta confesión no me enorgullece, claro está. Pero es parte de mi historia, escribí toda mi vida.

¿Escribir a diario es un problema? ¿Documentar la vida es un inconveniente? No y no. No deberían.

El autoexigente lo es sin intención de serlo. Y en toda esta aventura del registro de vida escrito hay cierta exigencia. Sin embargo, uno puede amigarse con su fantasma, es sano incluso.

Mi fantasma y yo

Cada persona tiene maneras distintas de encontrarse consigo misma. Escribir es una práctica que descomprime la mente y que te permite hallarte. Así que la escritura no es el problema. El deseo de resguardar momentos e ideas tampoco lo es. El problema es (y ha sido siempre) la presión, la exigencia desmedida. Me parece que la mejor forma de amigarse con el fantasma que cada documentador lleva es cambiar esa presión por creatividad.

La creatividad es un hábito, me parece. Todos podemos encontrar nuestro costado creativo. Y con respecto a la escritura diaria (no hablo de la literaria, remarco, sino de la cotidiana), es esencial descubrir de qué modo podemos usar la creatividad para liberarnos de la exigencia.

En mi caso, dejé de anotar cada cosa que pasaba, me permití transcribir sencillamente lo que recordaba, empecé a escribir lo que sentía al momento de agarrar un cuaderno (sin importar qué estaba omitiendo). Habilité un espacio adentro mío donde no me culpo por no escribir todo, es más, lo celebro: me divierte anotar detalles del día sin tener que explicar por qué me hacen bien o de dónde vienen. Incluso cito frases sin expresar a qué responden (¡a veces ni siquiera escribo quién dijo qué cosa, es como un juego!). Dejo muchas palabras voladoras en mis cuadernos, las pinto también, y permito que carguen sus significados sin tener que revelárselos a futuros lectores (que espero que no excedan a mi persona, por supuesto, me sigue dando vértigo que alguien lea mis cuadernos).

Una ayudita

Si sentís que ese fantasma sigue siendo un ladrillo en tu mochila o que no estás encontrando tu mejor costado al registrar tus días, te propongo algunas ideas:

  • Visualizá las hojas de tu cuaderno, ¿cómo te gustaría encontrarlas? ¿plagadas de palabras cual crónica antigua de viaje o con frases flotando por ahí, destacadas de alguna forma? (esas ideas o recuerdos pueden, por ejemplo, estar en distinto color, encontrarse por fuera del párrafo, tener una flechita que lleva a otra parte del texto, estar vinculada a una imagen o sticker).
  • Pensá si dentro de 10 años te parecería interesante leer esa cantidad abrumadora de detalles que venís escribiendo. ¿No hay en ese relato algo que salga a la superficie? ¿Y si redactás ese fragmento sin aclarar tanto cada cuestión que tenga una mínima relación? ¿No te parece que así tu escritura se haría más llevadera? (y divertida, sí).
  • Encontrá tu estilo (o explorá todos los estilos que quieras). Decorá tus hojas, jugá con los espacios en blanco. ¿Dibujás? incorporá dibujos. ¿Te gusta la papelería? Podés incorporar -además de los stickers- las washi tapes, las figuras recortadas, los post-it animados.

¿Qué técnica creativa te resulta mejor para hacerte amiga de tu fantasma documentador?

Intento muchas cosas e intento no intentar tanto.

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